domingo, 26 de noviembre de 2017

Te quiero...



Te quiero... y me mueves el tiempo de mi vida sin horas.

Te quiero en los arroyos pálidos que viajan en la noche,
y no termina nunca de conducir estrellas a la mar.


Te quiero en aquella mañana desprendida del vuelo de los siglos
que huyó su nave blanca hasta el agua sin ondas
donde nadaban tristes,
tu voz y mi canción.


Te quiero en el dolor sin llanto que tanta noche
ha recogido el sueño en el cielo invertido en mis pupilas
para mirarte cósmica, en la voz socavada de mi ruido de
siglos derrumbándose.


Te quiero (grito de noche blanca) en el insomnio reflexivo
de donde ha vuelto en pájaros mi espíritu.

Te quiero... Mi amor se escapa leve de expresiones y rutas,
y va rompiendo sombras
y alcanzando tu imagen desde el punto
inocente donde soy yerba y trino.

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